Ansiedad, la que sufro yo por Xavi 1edx
viernes, 29 octubre 2010, 10:15
Ansiedad no es lo que sufren Villa y Bojan por no ver puerta. Ni lo de Mariano Rajoy por llegar a la Moncloa. Ansiedad es lo que tengo yo desde que empecé a leer sobre la posibilidad de que Xavi se rompiera el tendón de Aquiles esta temporada, víctima de lo que los médicos llaman una lesión por estrés. Verlo con esas chillonas tiras de kinesiotape en los gemelos no me ayudó, y una vez confirmado su regreso a la competición mañana mismo, me corroe la incertidumbre. ¿Será demasiado precipitada e imprudente su vuelta? Entre la úlcera y esto, está claro que últimamente el fútbol me sienta como a Falete una falda de tubo.
Por otra parte, es innegable que cuanto antes vuelva, mejor, porque xavidependencia, hayla. Si me apuran, diría que es la única que de verdad existe. Digamos que el Barcelona, por no pasarme de forofo, es uno de los cinco mejores equipos del mundo en la actualidad junto a Inter, Real Madrid, Chelsea y Manchester United (podría incluir también al Arsenal, pero no pienso darle el gusto al robaniños de Wenger. Aquí saco la pancarta de free Cesc!, libère Fàbregas!). Pues bien, en ninguno de ellos se nota tanto la falta de un jugador como cuando Xavi se ausenta del once culé. Sin el 6 la maquinaria se ralentiza, el dibujo se difumina, el centro del campo se alborota y el equipo entero pierde la perspectiva. Parece como si, de repente, la partitura diera paso a la improvisación. Eso hace que el temor a que se lesione de gravedad me reconcoma. Para combatir la opresión en el pecho, el adormecimiento de brazos y la aceleración del pulso me digo que sí, que el plasma ese es mano de santo y que ya está curado. Y algo más: que cuanto más partidos juegue este mes, más cerca tendrá ese Balón de Oro que merece más que nadie.
Porque ésa es otra: me parece de locos decir que el Balón de Oro este año está muy abierto. Ya se lo cierro yo, verán. De los 23 nominados, una vez limpiados los defensas (con el de Cannavaro ya hubo para 30 años), los premios al actor revelación (Özil, Gyan, Müller, Schweinsteiger), los jubilatas (Drogba, Klose, Eto'o), los que parecen de broma (Xabi Alonso, Lahm) y los cracks sin orejona o de clase turista (Cesc, Robben), el panorama se aclara mucho. En cuanto a los porteros, siempre lo tienen casi imposible. De Julio César olvídense. Casillas sí podría ganarlo, que para eso levantó el primero la Copa del Mundo. Pero es que al hándicap de los guantes hay que unir que el Madrid lleva sin ganar un título desde antes de la quiebra de Lehman Brothers. Quedan Cristiano, que este año no va a estar ni en el podio, Forlán, Sneijder, Messi, Villa, Iniesta y Xavi. El Cacha ya ganó el del Mundial, y creo que eso jugará más en su contra que a su favor. Su premio olió a oportuna maniobra de marketing FIFA con vistas al mercado sudamericano. Esto es Europa. Lo de Villa e Iniesta fue flor de un mes, el que pasamos en Sudáfrica bailando el waka waka. Uno de ellos podría ocupar el tercer escalón, pero tiendo a pensar que la cosa estará entre Wesley, Leo y Hernández. Y se lo tienen que dar a Xavi. Sneijder lo ha ganado casi todo y ha sido copichichi del Mundial (junto a otros 1.250 tíos, por otra parte), pero a mí ya se me había olvidado hasta que existía. ¿A ustedes no? Y a su compañero Diego Milito, tan influyente como él o más en el Inter del triplete, ni lo han nominado siquiera. Por su parte, Leo ha metido 47 goles en una temporada. Cuando CR7 lo ganó, había marcado 42 y parecía el no va más; fin de mi alegato. Pero ni siquiera eso basta. Porque ninguno de ellos fue campeón del mundo y de Europa con España cuando nadie lo había conseguido, ni la piedra angular del equipo de las seis Copas, ni el futbolista del Barça a quien el Bernabéu entero aplaudió puesto en pie en un España-Inglaterra (yo estaba allí) sólo por su forma de llevar las riendas de La Roja, ni el jugador que ha cambiado la manera de ver el fútbol de varias generaciones. Ni más ni menos. No dárselo sería una injusticia histórica, además de un desprestigio para el trofeo en sí, porque dudo que hubiera otra oportunidad de entregárselo con más merecimiento. Vamos, que se quedaría sin él. Pensándolo mejor, ni ansiedad ni leches. Qué ganas tengo de verle jugar mañana.