Martín Portugués, en su combate en los JuegosEFE
En tiempos de incertidumbre por el reto que se plantea a nivel global con la inteligencia artificial -la que aprende de errores para no volver a cometerlos-, la sociedad mundial acepta cada vez menos los fallos.
Lucía Martín Portugués, que por ranking aspiraba a estar muy adelante en la esgrima, cayó en primera ronda y lamentó, presa de la desolación, que quizás sea la última vez que tire
porque se le acaba la beca. Es preocupante que esto pueda plantearse.
Vivimos en una sociedad que busca la excelencia sin red.
Si fallas no hay plan b. Ocurre en una oposición, en un trabajo o en la EBAU. Es la deshumanización en la búsqueda del triunfador. La afición de España, que es poca cosa en el deporte olímpico, hace tiempo que dejó de darle valor a ser el cuarto o el quinto del planeta, como si el que lo critica estuviese en ese rango en su profesión. Las redes, además, han cargado de fiscales cualquier acto. A los comentaristas de televisión los han frito en la última Eurocopa por errores que por muy grandes que sean no dejan de ser humanos.
Lucía seguirá tirando, los haters seguirán dando palos y el filtro seguirá siendo blanco o negro.
Mientras tanto, robots a nuestro lado prosperan con la capacidad de no fallar. Y cuando lo hagan, como no tienen emociones, no echarán ninguna lágrima ni tendrán la preocupación de ser desenchufados mañana.
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