Rubén Baraja en la sala de prensa de la ciudad deportiva de Paterna.EFE
Rubén Baraja pide "dos días de relax" para pensar en el futuro. "Esto ha sido muy duro", confesaba después de lograr la salvación del Valencia en otro partido a vida o muerte, como los que viene jugando el equipo de Mestalla desde que Gattuso renunció a continuar el 31 de enero.
Me equivoqué cuando el 21 de febrero escribí 'Nadie hará un monumento a Baraja' al acabar la temporada. Probablemente
muchos valencianistas -que no vieron jugar al futbolista leyenda- le hayan levantado
un altar en el corazón
al entrenador.
Dicen que los
periodistas somos los historiadores del presente
(es un poco cursi, lo sé) y que las generaciones venideras tratarán de explicar el pasado
revisando hemerotecas
, como hacemos nosotros con los que nos precedieron. Y hay que dejar claro para los restos que
Baraja ha logrado un milagro
. Y no porque la salvación del Valencia no haya sido producto de un
trabajo serio y decisiones valientes
. Sino porque el equipo ya estaba
abandonado a su suerte
en febrero, desde que los ejecutivos del club pensaron que la temporada la acababa
Voro 'con la gorra'
.
Baraja no vino a entrenar al Valencia,
vino a rescatarlo.
El equipo estaba ahogándose en medio de una tormenta perfecta mientras sus responsables le lanzaban, desde la orilla, un
salvavidas que no flotaba
. El entrenador vallisoletano
se lanzó al agua
, con la ropa puesta, para arrastrarlo contra corriente y ponerlo a salvo.
Y salvado el equipo, ¿qué?
'Que siga Baraja'
, piensan en las oficinas del club.
Pero 'que siga, ¿cómo?'
, se pregunta él. El entrenador vallisoletano no merece
ni va a aceptar
un Valencia hecho un guiñapo. Ya ha demostrado desde febrero que no necesita levantar la voz para
llamar a las cosas por su nombre
. No va a provocar ningún incendio, pero tampoco va a sofocar ningún
fuego alimentado por la apatía
-o el
abandono
- de
Peter Lim
, con la complicidad del 'equipo de gestión local', hasta el nombre suena a comisión parlamentaria.
Lo que ha pasado este año ha sido
un aviso.
El Valencia lleva
empobreciéndose económica y deportivamente
desde 2019.
"Hemos jugado con fuego"
, advertía
Gayá
en el césped del Villamarín. Y puede que ya no haya segundo aviso.
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